EL PAÍS DE LAS SONRISAS

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“FREE HUGS” – Hombre repartiendo amor en cada esquina

Estos 5 días en el norte del país, nos sirvieron para bajar a la tierra… Para darnos cuenta que todo éso que parecía un sueño, es real y lo estamos viviendo día a día…

Chiang Mai nos alojó en su casa por 3 relajados días… Fueron 3 días de mucho caminar y bicicletear, dejándonos perder entre sus transitadas calles, parando en cada templo que veíamos (hay un promedio de 2 templos por calle), llenándonos la vista y el alma… Sus templos son la magia de esta ciudad… En cada uno de ellos se respira la misma paz que en el anterior o el siguiente, pero con sólo salir a la calle vuelve a invadirte el caos de la misma, por lo que necesitás entrar de inmediato en el siguiente para volver a recuperarla… De vez en cuando, nos encontrábamos sentados en alguna plaza mirando nuestro alrededor y preguntándonos sobre nosotros mismos o simplemente sobre… ¿Qué hacen dos argentinos perdidos en Tailandia? Y la respuesta siempre fue la misma… “Hay que perderse  para encontrarse”…

Creímos que ya era tiempo de seguir camino, porque no había más templos que conocer ni calles en las que perderse, y nuestra paz ya se había alterado entre los tailandeses preparados para saltar a la yugular de los turistas y los turistas copando la ciudad, así que seguimos rumbo al norte…

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Templo y ofrendas en Chiang Rai

Llegamos a Chiang Rai a eso de las 3 de la tarde, luego de tomar un bus que dejó mi estómago con la sensación de haber estado 3 horas en el samba… Al llegar, nos esperaba Peter, un amable alemán, que nos iba a hospedar en su tranquilo hotel por los siguientes 3 días… Estábamos cansados y mi estómago pedía a gritos un respiro, así que ese día lo dedicamos para relajarnos… El día siguiente, mi cuerpo entró en estado de pánico pero mi mente lo forzó a seguir camino, así que salimos para perdernos en esa tranquila ciudad… Y nos impactó encontrar una ciudad tan auténtica como ésta… En las calles sólo se respiraba aire tailandés… Nos dimos cuenta que estábamos solos en esa mágica ciudad, así que decidimos aprovecharla al máximo y recorrerla sin perdernos ni una sola calle… Pero el segundo día, nuestros pies y cuerpos pedían un poco de descanso así que decidimos buscar al simpático “tuk-tuk driver”, que nos habíamos encontrado el día anterior, y embarcarnos en su aventura… Fue así como, bien temprano a la mañana, salimos rumbo al mercado, donde nos encontramos con Kittipot, quien sería nuestro conductor por el resto del día…

La primer parada fue en el majestuoso templo blanco… Si tuviese que describirlo con simples adjetivos, me sería imposible… Es algo único en el mundo… Es el mayor templo budista y donde se acercan creyentes y turistas de todas partes del mundo… Como suponíamos que iba a ocurrir, el templo estaba lleno de gente tan ansiosa como nosotros por ver qué tenía ese templo de único e inigualable… Y nos sorprendió desde el principio… Desde su infierno terrenal que se muestra a través de personajes conocidos de ficción, distribuidos por todas las callecitas fuera del templo, y sus otras tantas estatuas refiriéndose al mismo… Hasta la infraestructura del templo en sí, cuya entrada está rodeada de soldados guardianes, manos que salen desde el suelo simulando desesperación, figuras de dragones por todos lados… Pero su inmaculada blancura, que te hace ver la pureza desde el principio, te va llevando a sentir que una vez que logras superar ese infierno, podés llegar a la paz absoluta, dentro del templo, donde se encuentra la figura del buda, junto con un monje, más real que los humanos, y sentís la paz que se respira en cada cuadradito de ese onírico templo… Sentís, después de tantas imágenes que te generan sentimientos y emociones encontradas, que todas ellas se concentran en una sola… En la paz interior…

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Templo Blanco – Chiang Rai

Luego de varios minutos contemplando ese indescriptible templo, había que volver al encuentro del sonriente Kittipot, que nos esperaba ansioso por seguir nuestro recorrido… Así fue, como 17kms después, nos encontrábamos en el otro extremo de la ciudad con sentimientos completamente contradictorios… Nos encontrábamos en el medio de un pueblito rodeados de gente que jamás hubiésemos imaginado ver… Habíamos llegado al tan exótico pueblito de las conocidas “mujeres jirafa” o correctamente dicho, habíamos llegado a la milenaria tribu “Karen long neck”… Es un pueblito donde conviven 4 tribus milenarias, con creencias similares pero no por ello iguales… Por el contrario, se encuentran todas juntas pero distribuidas en aldeas según la tribu… La primera que vimos, Ahka, nos disgustó bastante, ya que tuvimos la mala suerte de encontrar un grupo de turistas muy irrespetuosos con sus creencias, por lo que decidimos continuar camino… Las aldeas estaban hechas con elementos muy precarios y se veía fácilmente su estilo de vida… Aldeas rodeadas de huertas, de gente construyendo sus propios instrumentos musicales, de niñas recolectando frutas, de nenes corriendo libremente entre las calles de tierra, de mujeres tejiendo maravillas en sus telares, de una vida muy lejos de lo que nosotros estamos acostumbrados a ver día a día en nuestros pueblos o ciudades… Pero cuando vi la primer mujer con anillos en el cuello, tuve una suma de pensamientos muy contradictorios entre sí… Y la primer pregunta que se me vino a la cabeza fue… ¿Cómo es posible que una persona, o varias, sean capaces de dañar su cuerpo, de modificarlo de tal manera (algunas caminaban con bastón del dolor que causaban los anillos en sus articulaciones), sólo por una creencia social? ¿Cómo es que un grupo de mujeres indefensas se dejan dominar por algo socialmente bien visto desde su aldea?…  Y fue ahí, donde me di cuenta que esa tribu milenaria con creencias y estilo de vida, a simple vista, tan diferentes, no eran tan diferentes a nosotros… No eran más que mujeres, como una, que viven según normas y reglas sociales regidas por alguien que las impone…

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Tribu Ahka

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Cuellos de las mujeres de la tribu Karen Longneck

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Mujer Karen Longneck

Era difícil seguir camino después de ver algo que pensé que solo existía en la “National Geographic”, era difícil seguir después de entender la igualdad de las sociedades, después de darme cuenta que esas cosas que tanto miramos con ojo crítico, no son diferentes a nuestra realidad… Algo en mí se había modificado y me había hecho ver que ellas ya no eran las “mujeres jirafa” si no que eran simplemente mujeres…

Seguimos camino junto a nuestro amigo Kittipot, hasta el centro de la ciudad, donde decidimos comprar algo de comer y volver al hotel por unas horas ya que esa realidad nos había abrumado demasiado…

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Kittipot, nuestro conductor

Luego de un par de horas decidimos salir en busca de comida, y terminamos en el famoso “Night bazaar market”, donde, cada sábado, los habitantes de la ciudad se reúnen en las calles a comer y ver bailes típicos… Es un gran evento… Todos salen a la calle, y la ciudad se viste de fiesta… Son miles de tailandeses caminando organizados en torno a los miles de puestos de comida, ropa y otros objetos que se encuentras en las calles… Al finalizar sus compras, se sientan a ver el espectáculo que fue organizado por y para ellos durante el resto de la semana… Nosotros no queríamos quedarnos afuera de este festival así que nos adaptamos a ellos y probamos cuanto se nos puso en el camino y vimos tantos bailes como pudimos… Pero luego de unas horas, decidimos volver al hotel ya que al día siguiente teníamos que salir rumbo al siguiente destino…

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En el norte del país, aprendimos que ya no eramos los reyes que solíamos ser en el sur, en donde nos creíamos aventureros, pero nada de ésto teníamos, ya que estaba muy preparado para los turistas… Aprendimos que sobrevivir 5 días a papas fritas y pad thai no es lo lógico entonces hay que arriesgarse y probar algo nuevo, algo diferente, algo de su cultura; y con ello, que se puede estar 5 días con una descompostura imposible de superar… Aprendimos lo que ellos son realmente; vimos ese barrio que ya habíamos visitado en el sur, pero en dimensión ciudad… Aprendimos que si querés realmente descubrir Tailandia, si querés “sacarle la careta”, es necesario que no haya turistas en la misma que vos, es necesario tomar el riesgo maravilloso de lanzarte de lleno a descubrir un país con una cultura tan exótica e increíble como éste posee, es necesario subir a la cima del país y encontrarte cara a cara con la realidad del mismo… Dejándote llevar por el viento y guiándote sólo por la sonrisa de los amables habitantes del lugar…

NO PIENSES QUE NO PASA NADA

POR NO VER TU CRECIMIENTO,

LAS GRANDES COSAS CRECEN EN SILENCIO…

DALAI LAMA

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2 comments on “EL PAÍS DE LAS SONRISAS

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