CIUDAD EN MOVIMIENTO

El viaje a Laos fue otra ciudad en sí misma… La que nos alojó en su barquito y transitó por su tranquilo río Mekong durante dos días, que se dividieron en 6 horas el primero y 8 horas el segundo… Dicho así puede sonar algo interminable, pero no fue de esta manera… Previo a esta ciudad, tuvimos que pasar por una entrevista mano a mano con los miles de laosianos y tailandeses dispuestos a saltar a nuestra yugular en cuanto nos vieran débiles, pero, por suerte, salimos invictos y triunfadores, llegando a nuestro destino sin ningún inconveniente…
Así fue como entramos en nuestra mini ciudad… Una ciudad sin paredes, hecha de madera, con su exterior lleno de colores vibrantes que la identificaban como una más de todas las que se encontraban flotando sobre el mismo río… Pero no por ésto era idéntica… En nuestra ciudad había más de 60 pasajeros ansiosos por comenzar esta exhaustiva pero increíble experiencia… Eramos 60 personas con una energía tan positiva, que podríamos haber llegado a destino manejando sólo con éso…

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Interior del barco

En el trayecto conocimos un chico argentino, que tenía amigos en común con Benja, así que no fue difícil caernos bien desde el principio… De a poco, se empezaron a sumar a nuestra conversación personas que, como nosotros, sentían la necesidad extrema de pensar y hablar en su propio idioma… A las 2 horas eramos un grupo de amigos sobre una ciudad sin nombre, en la que se encontraban dos chilenos, un español, una peruana y tres argentinos… Las horas se pasaron muy rápido entre risas y buenas historias… Pero hay una de ellas que me resonó más que el resto… El chico español, había trabajado en los mejores restaurantes del mundo, haciéndose conocido entre sus colegas, con muchas posibilidades de éxito; pero ahora se dedicaba al buceo… “¿Por qué dejaste ese mundo si ya tenías la carrera asegurada? Porque cuando ganamos las 3 estrellas Michellin (el mayor premio que se puede recibir en la cocina), no era mío, no me llenaba; en cambio, cuando la gente sale emocionada y me abraza porque la llevé a bucear a un recóndito lugar, eso sí es mérito mío”… Y sus palabras quedaron en mi corazón reafirmando mi teoría de que no hay una carrera o un título mejor que hacer aquello que te hace realmente feliz…
Nuestra ciudad en movimiento nos llevó a un pueblito en el medio de la montaña, en el que teníamos que pasar la noche, para continuar sobre ella al día siguiente… Una noche que fue la más incómoda de nuestro viaje, pero el cansancio y la ansiedad por continuar al día siguiente, hicieron que se nos hiciera fácil pasar por desapercibido ese lugar en ruinas…

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Centro de la ciudad

Nos despertamos ansiosos por empezar otro día de paz y aventuras, rodeados de paisajes increíbles, de montañas verdes que daban marco a pueblitos que iban apareciendo y desapareciendo a lo largo del recorrido y de un calmado río Mekong a nuestros pies… Nos esperaban 8 horas de paisajes, pero esta vez sin nadie con nuestra misma lengua… Fue un viaje completamente diferente al del día anterior ya que, al estar solos, disfrutamos cada segundo de vida a nuestro alrededor y contemplamos con detenimiento al resto de los habitantes de esta pequeña ciudad…

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Paisaje a nuestro paso…

Mientras observaba nuestro pequeño mundo, no pude evitar pensar en algo… Dentro del mismo nos encontrábamos gente de todas partes del mundo, con diferentes creencias, diferentes culturas, diferentes economías, diferente filosofía, diferentes…; pero con algo en común que hacía que todos nos uniéramos en esa pequeña ciudad en movimiento, algo que hacía que las diferencias no estuvieran a la vista, algo que hacía que todos fueramos iguales dentro de la misma… El objetivo de viajar lento, relajado y disfrutando el majestuoso paisaje que el exterior nos regalaba a cada paso…

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Siempre ten presente que la piel se arruga,

el pelo se vuelve blanco,

Los días se convierten en años…

Pero lo importante no cambia;

tu fuerza y tu convicción no tienen edad.

Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.

Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.

Detrás de cada logro, hay otro desafío.

Mientras estés vivo, siéntete vivo.

Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.

No vivas de fotos amarillas…

Sigue aunque todos esperen que abandones.

No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.

Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.

Cuando por los años no puedas correr, trota.

Cuando no puedas trotar, camina.

Cuando no puedas caminar, usa el bastón.

¡¡¡ Pero NUNCA TE DETENGAS !!!

MADRE TERESA DE CALCUTA.

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