EL ESPECTADOR

Ya pasaron 10 semanas, 70 días, 1680 horas, 100800 minutos, 6048000 segundos… En el mundo de lo normal, ésto sería tiempo suficiente para una lista interminable de situaciones… En 10 semanas se puede conocer a alguien superficialmente; en 70 días se puede terminar el tiempo de libertad previo a un examen; en 1680 horas se puede decidir si es el trabajo indicado para uno, o no lo es; 100800 minutos puede ser la cuenta regresiva para que lleguen las ansiadas vacaciones; y en 6048000 segundos puede que sólo sigamos en la misma rutina que en el minuto 0… En mi mundo, estos 2 meses y 8 días, significaron mucho más que sólo un número insignificante de días contados… En mi mundo, fueron simples días sin números ni fechas… En mi mundo, fue un tiempo de encuentro; un tiempo que no tuvo límites de alcance; un tiempo que me permitió volar, descubrirme, descubrir, aprender, surgir, resurgir; un tiempo que no tuvo límites ni cuentas regresivas; un tiempo, que pasó tan rápido, que aún parece ayer que me creía una heroína por animarme a salir al mundo, y borraba esa imagen en 2 minutos, cuando descubría que era mínima en tanta inmensidad y que sólo era una espectadora indefensa del espectáculo que me rodeaba… Porque en mi mundo, el almanaque se regía según el mundo exterior, que me llevaba y me traía, me abrazaba y me dejaba caer, me acariciaba y me tiraba contra la pared, me bañaba y me hacía morir de sed, me encandilaba y me dejaba solitaria en la oscuridad… Tuve la suerte de vivir en un mundo paralelo… Tuve la suerte de asistir a la obra de teatro más exclusiva y menos accesible… Tuve la suerte de presenciar el espectáculo más espectacular que pueda existir… Tuve la suerte de alejarme, incluso de mi ser, para reconocer que era sólo una hormiguita, mirando debajo del asiento de la última fila de un teatro con incalculables butacas, una obra que sólo unos pocos paramos a ver… Una obra que sólo unos pocos nos sentamos a observar… Una obra que no es más ni menos que la vida, ofreciéndonos el mayor espectáculo, en un teatro ciego, que sólo unos pocos osados y atrevidos, se animan a espiar por entre las vendas…

No, no fui una heroína, no signifiqué nada, ni cambié la vida de nadie… Pero mi vida ya no es la misma después de haberla espiado… Es como cuando uno ve una película de terror entre dedos, y por más que haya sido sólo una escena, ya no es la misma valentía al caminar en la oscuridad… Después de ver sólo segundos de la película de mi vida, ya no tengo la misma valentía al caminar sobre tierra firme… Será por eso, que a veces prefiero alejarme un poco de lo normal, del día a día, y perderme entre tinieblas que me devuelvan un poco esa oscuridad que necesito, al haber visto tanta luz; al haber descubierto que la vida no es sólo horarios y esquemas… Que la vida no es sólo una vida, que no es sólo nuestra vida… Porque nuestra vida no es nuestra… Porque nuestra vida no nos pertenece… Porque nuestra vida, a la que creemos dominar, tiene vida propia… Porque la vida no es ni más ni menos que éso… Porque la vida es mucho más que mucho y es mucho menos que menos…

 

LO REALMENTE IMPORTANTE ES LUCHAR PARA VIVIR LA VIDA,

PARA SUFRIRLA Y PARA GOZARLA,

PERDER CON DIGNIDAD Y ATREVERSE DE NUEVO.

LA VIDA ES MARAVILLOSA SI NO SE LE TIENE MIEDO.

CHARLES CHAPLIN.

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