SALIENDO DEL CASCARÓN

No fui una viajera de cuna… Como conté en algún escrito, empecé a mirar hacia el mundo a mis 18, o quizá más grande… Lo que siempre supe fue que no quería estar ni acá ni allá… Miraba a mi tío, que vive en Londres, y se me erizaba la piel de poder hacer una locura como la que él hacía, de estar viviendo fuera de casa… Siempre supe que lo rutinario me aburría, y, pese a que el sedentarismo no me molestaba demasiado, me aburría de todo… Así fue que pasé meses en mi pueblo, meses en Buenos Aires y vuelta a empezar… Nunca me terminaba de “convencer ninguno”… Las carreras que estudié en el camino me gustaban y me iba muy bien, tranquilamente me podría haber recibido de ambas, pero el simple hecho de mirar al futuro y pensar que todavía quedaba la mitad, me frustraba, me hacía sentir agotada, perdían la magia de lo espontáneo y se transformaban en una rutina insoportable para mí… Así que, dejé a ambas a mitad de camino y pasé al siguiente escalón… Y así fue mi vida… Dejando y subiendo, bajando y empezando…

Miraba a mi alrededor, y todos estaban felices con sus carreras, todos estaban de acuerdo con sus elecciones y todos querían seguir en la ciudad que habían elegido, o al menos, establecerse hasta terminar objetivos… Mientras, yo deambulaba… Atendía locales de ropa, modelaba, empezaba una carrera, pensaba en empezar dos a la vez, pero todo quedaba en el aire, inconcluso… Me justificaba diciendo que era típico de mi edad, que era difícil decir a mis 18 años lo que realmente quería, y quizá no me equivocaba;  pero para el resto seguía siendo una indecisa, lo que me confundía más y más… ¿Estaba loca? ¿Por qué todo el mundo podía encontrar su lugarcito en el mundo y yo no? ¿Qué es lo que me hacía pensar diferente? ¿Por qué no era capaz de terminar ni una sola cosa en mi vida? ¡Odiaba que todo me aburriera tanto!… Empecé a frustrarme… Empecé a tener el sentimiento de marginalidad típico de un chico, en época de colegio, que ama estudiar… Pero, pese a saber que era diferente al resto, y que éso me afectaba, mi cabeza no me permitía “unirme a la manada”… Es como si mi vocecita interior me estuviese diciendo a cada segundo: “Seguí girando que en algún momento te vas a encontrar”… Y así lo hice… Hasta que un día, sentada en mi departamento, en compañía de mi amado mate, puse jazz bien fuerte y dejé que mis pensamientos se perdieran… Por varios minutos mi cabeza se perdió por mil rincones, escuchó jazz, dejó de escucharlo, pensó en las carreras dejadas, pensó en la mosca que pasaba por mi cabeza, hasta que la música empezó a apagarse y mi mirada se centró en una imagen que estaba puesta, como fondo de pantalla, en mi computadora… Una chica rodeada de miles de formas, sin sentido aparente, y en un rincón de la foto, un mapamundi repleto de colores(o, por lo menos para mí, éso parecía)… Ese pequeño fragmento de la foto pareció invadir toda la pantalla, ya que fue lo único que mis ojos veían claramente… Ahí estaba mi solución… Chica inestable, no le gusta estar acá ni allá, ama la libertad, se aburre de la rutina,… En el borde de la computadora, se encontraba un fragmento que había pasado desapercibido por el creador de ese artístico dibujo, pero que para mí era la raíz de un árbol que, frente a mis ojos, no paraba de crecer…

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Mi pequeño mundo empezó a girar en torno a éso… Era en lo único que pensaba… Lo pensaba a la mañana, lo pensaba durante el día, me acostaba pensándolo y soñaba con que mis pies ya se habían elevado del lugar donde me encontraba… Tardé un tiempo en decirlo y gritarlo, porque sabía que la opinión del resto iba a ser nada prometedora… “Sí, Manu, seguí soñando…”, “¿En serio? ¡Qué buena onda! (Al mes se vuelve)”, “Probá, pero no vas a durar mucho, como sos vos…”; pero, como siempre, omití estos comentarios que nada tenían que ver con mis planes y seguí con mi tarea de exploradora… Mi destino era… ¡Londres!… Sí, es donde conocía a alguien, no estaba tan lejos, podría practicar mi inglés, la moneda me serviría para ahorrar… ¡Decidido, Londres, allá voy!…

Pero, en cuestión de horas, mis ideas cambiaron (como era de esperarse…)… Esta vez no había sido por mis mambos… Alguien, con mis mismos objetivos, se cruzó en mi camino y me desvió la mirada hacia un lugar que nada tenía de cercano ni conocido… Así fue como aparece Benja en la historia… Unos meses después, estábamos en Ezeiza, tomándonos las manos bien fuerte, y despidiéndonos de nuestras familias, rumbeando hacia Oceanía…

Hasta ese momento, todo lo que podía sentir era felicidad, emoción, ansiedad… Pero cuando puse mi primer pie en el avión y supe que mi objetivo se estaba concretando, empecé a perderme… No sé si fueron las turbinas del avión, o qué, pero durante todo el trayecto, mi cabeza no paraba de retumbar entre los miles de pensamientos que corrían, jugaban y saltaban, dentro ella, como en un pelotero inflable… Ahí, empezaron a surgir mil miedos… Mi inglés estaba bien, pero nunca había mantenido una conversación con un extranjero; era la primera vez que salía de América del Sur, ¿y si no me gustaba? ¡Iba a ser otro fracaso en mi vida!; ¿Y si no conseguía trabajo? ¿Qué iba a hacer en la otra punta del mundo sin un peso?; ¿Y si…?… Intenté disuadir todos esos pensamientos pero seguían jugando como niños maleducados…

Antes de arribar a destino, hicimos una escala en Dubai, para alargar un poco el momento crítico… No sé si fue que eran mis primeros pasos lejos de mi continente, o qué, pero no podía controlar a mis sentidos… Los 5 se tomaron de la mano, dejaron mi cuerpo y salieron a jugar, a sorprenderse, a admirar, a disfrutar, a saborear… Pero este mágico lugar se merece un relato propio, por lo que ya escribiré en detalle todo lo vivido…

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Primer día en Melbourne

4 días después, ya no podíamos esquivarle más al objetivo, así que partimos hacia el lejano continente… 14hs más tarde, estábamos pisando tierra firme… Bastó con llegar al aeropuerto para empezar a sudar… Nos habían comentado que migraciones era la más complicada del mundo, así que hicimos una cola de 5 personas que se convirtió en la cola más interminable de nuestras vidas, entre los miles de miedos que nos invadían el cuerpo… Pero, al llegar nuestro turno, nos atendió una chica muy simpática, nos pidió documentos, certificado de fiebre amarilla y, con una gran sonrisa, nos dio la bienvenida a su país… Otra prueba superada en la que reconocí que la opinión de la gente, en la mayoría de los casos, está de más…

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Brighton beach – Melbourne

Así, un 16 de Junio de 2014, estábamos entrando en lo que sería nuestra casita por un par de meses; los cuales se transformaron en muchos menos de los esperados… Tomamos un bus público que nos depositó en una enorme estación de metro, en la que nos sentimos los enanos de Gulliver… Pero, preguntamos, investigamos y logramos llegar al hostel, que nos iba a alojar por un par de días, hasta que nuestro hogar se desocupe…

La búsqueda de trabajo fue lo más complicado… Había que salir a tirar curriculums, ¿Qué era éso?… Nunca lo había hecho, así que me los puse en la mano, caminé mil cuadras y, cuando volví a mirar mi mano, estaban todos intactos… Soy una persona muy tímida, por lo que todo me cuesta el doble, y a éso, sumale el momento de romper el hielo, ¡en inglés!… Pensé que era una tarea imposible de superar, hasta que mi novio, y compañero, me obligó y me metió casi empujándome  en el primer local… Minutos después me encontraba tirando “Resumes”, como le dicen acá, en cada local que veía… ¡Fue un éxito! Al otro día estaba contestando un llamado, mientras miraba un partido de footy, en el que me confirmaban que había conseguido mi trabajo…

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Footy – Melbourne

Mis días pasaron, y cada vez fue más fácil todo… Ya sabía dónde tomar el tren, dónde estaba el supermercado… Nos instalamos en nuestra casita de paso, por lo que pudimos desarmar valijas… Y asi, paso a paso, me empecé a enamorar de esta ciudad… Una ciudad que me hizo sentir a salvo, incluso caminando sola entre calles sin iluminación, a las 11pm… Una ciudad cuyo lema es “no worries”, por lo que nada debe estresarte lo suficiente… Una ciudad cuyos habitantes siempre tienen paz y sonrisa incorporados… Una ciudad libre de prejuicios… Una ciudad cuyas plazas se encuentran en cada esquina… Una ciudad llena de arte, cultura, diseño, buena comida… Una ciudad que no deja a nadie exigiendo extras… Una ciudad que, al igual que Dubai, merece una extensa narración, por lo que le voy a dedicar el siguiente escrito…

Hice este breve relato, muy diferente a los que suelo hacer, porque hubo mucha gente que me preguntó y me pregunta sobre mi experiencia… A todos los que me preguntaron, y a los que no lo hicieron, les dedico este escrito y les digo… ¡ANIMENSE!… Si yo no hubiese dejado que esos fantasmas que me atormentaban se vieran atrapados entre la decisión de dejar de existir o quedarse a un costado sin asustarme, seguirían estando en mi cabeza… Si yo no hubiese dado el primer paso, nunca hubiese conocido lo que el mundo me regaló hasta hoy… Si yo no hubiese tomado ese avión, por los miedos y las inseguridades que me generaba, entonces nunca hubiese descubierto quién soy y qué quiero…

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Dubai Mall

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Luang Prabang – Laos

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New Delhi – India

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Jaipur – India

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Pushkar – India

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Udaipur – India

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Varanasi – India

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Hong Kong – China

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Yogyakarta – Indonesia

A veces nos perdemos entre sollozos y nos dejamos vencer por los pensamientos negativos, pero es ahí, donde la poca o mucha energía restante se tiene que centrar en vencerlos y en salir adelante, en salir a la búsqueda interna… Porque cuando realmente logramos conocernos y entender las señales que nosotros mismos nos damos, es cuando aprendemos a vencer todo tipo de miedo casi sin esfuerzo… Entonces, les digo, desde mi humilde lugar, y desde mi escasa experiencia, que se animen y dejen a los fantasmas en el rincón… O llévenlos con ustedes, así tienen a alguien a quién batallar en sus momentos de mayor felicidad…

 

 LA VIDA NO SE MIDE POR LAS VECES QUE RESPIRAS,

SINO POR AQUELLOS MOMENTOS

QUE TE DEJAN SIN ALIENTO…”

 

“NO HAY NADA COMO VOLVER A UN LUGAR

QUE NO HA CAMBIADO,

PARA DARTE CUENTA CUÁNTO HAS CAMBIADO TÚ…”

 

“VIAJAR ES SEGUIR UN CAMINO QUE

TERMINA EN TU INTERIOR…

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