VERDAD EMPÍRICA

El 17 de Junio de 2014, llegábamos a Melbourne ansiosos por conocer una nueva y lejana ciudad, que sabíamos que nos dejaría sin palabras… Pero previo a este hecho, tuvimos que meditar largas horas para lograr decidirnos a cuál de esas dos increíbles ciudades estábamos dispuestos a conocer más a fondo… En cuál de esas dos oníricas urbes llevaríamos a cabo la exhaustiva rutina que nos haría conocer la otra cara de la moneda… En cuál nos quedaríamos largos meses, sintiéndonos una partecita más de una ciudad en constante movimiento… En cuál seríamos una cabecita más corriendo en busca de un tren, y en cuál seríamos simples espectadores… En cuál disfrutaríamos de la brisa del mar, y cuál dejaríamos para correr al mismo en busca de un respiro laboral… En cuál nos dejaríamos de sentir simples viajeros para convertirnos en un integrante más de esa sociedad… En cuál pasaríamos días en los que sería imposible ser un turista… En cuál nos cansaríamos de hacer el mismo camino una y otra vez… En cuál asentaríamos nuestras bases y nos llenaríamos de su cultura, sin tiempo limitante… En cuál de estas dos mágicas ciudades, nos dejaríamos llevar por la rutina hasta conocer los rincones más oscuros… Y cuál sería la ideal para que esos oscuros rincones y esa aburrida rutina, nunca se vuelva excesiva, dejándonos ser turistas hasta el último día, mostrándonos nuevos escenarios paso a paso…

La decisión fue difícil porque sabíamos que ambas tenían mucho para brindarnos… Y también lo fue, tomar la decisión de postergar la visita al majestuoso “Opera House” para aquél día en que nuestros cuerpos pidan nuevos aires…_DSC1013

Disfrutamos de nuestra ciudad día a día, reafirmando nuestra teoría de que haber elegido esa ciudad era la correcta… O por lo menos es lo que nos decíamos a cada paso; pero, ¿Cómo decir que la decisión fue la correcta cuando no habíamos sentido ni la brisa de esa cercana urbe? Así fue que, 4 meses después, salíamos en busca de la resolución del enigma… ¿Sídney o Melbourne?

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Cuando tomamos la decisión de venir a Australia, lo único que leíamos en cada nota, era que las olas del mar eran las mejores para los surfistas, por lo que estaba lleno de ellos; que los cafés eran una locura y que no podías irte del continente sin entrar en uno; que su acento era chino básico; que en una sola ciudad podías encontrar miles de estilos; que la seguridad era tanta que te aburría; que la costa era una de las más variadas del mundo y que los cuerpos bronceados se encontraban por doquier… Y éso fue lo que nos mostró Sídney… En esta gran ciudad se encuentran concentrados todos los comentarios que habíamos leído…

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Pasamos 5 días llenos de búsqueda… Queríamos aprovecharlos al máximo para poder confirmar o desechar la teoría de que nuestra elección había sido la correcta… Así, paseamos por Surrey Hills, degustando cafés tan increíbles como los de Melbourne; recorrimos los barrios King Cross, Darlinghurst y Paddington, donde nos recreamos la vista con la arquitectura victoriana y donde pudimos reconocer que Sydney era, sin dudas, una ciudad cosmopolita; atravesamos el barrio “The Domain”, donde meditamos largas horas, rodeados de vegetación, en el “Botanical Garden”; nos perdimos entre calles “sin nombres”, los cuales eran asignados por nosotros según sus característica: “la antigua”, “la cosmopolita”, “la abandonada”, “la llena de vida”, “la del mejor café de Sídney”, “…”; caminamos y caminamos, hasta que nos chocamos con un barrio que sí tenía nombre propio… Nos encontrábamos en “The Rocks”, el primer barrio de esta emblemática ciudad… En él te podías trasladar fácilmente a viejas épocas, reviviendo el momento en que arribó ese enorme barco cargado de personas que harían historia… Y, entre caminos, llegamos a Circular Quay, donde nos fue imposible no quedarnos estupefactos ante la mejor vista del “Harbour Bridge” de toda la ciudad…

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The Rocks

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Botanial Gardens

Ese puente fue el primer acercamiento a la duda existencial de si elegía una o la otra… Ese puente me hizo dudar si había sido la elección correcta… Dubitativos, seguimos camino en dirección a la bahía, donde sabíamos que estaba la respuesta a nuestro gran dilema… Y, sin darnos cuenta, nos encontrábamos sobre un mullido pasto, mirando frente a frente a esas dos majestuosas creaciones, que, junto a la tranquila agua que se encontraba a sus pies, tu vista se confundía entre la realidad y la ficción de un cuadro diseñado perfectamente… Nuestros minutos pasaron y, sin darnos cuenta, se había hecho de noche… Cuando estábamos rodeando la bahía, para volver a nuestro hogar de paso, la ciudad nos regaló la mejor vista que podía brindarnos… Nos deleitó, bajo un puente a medio iluminar, un Opera House perfectamente reflejado en el agua y un Luna Park excesivamente iluminado, que llenaba de vida cada rincón… Luego de varios minutos, pudimos ir a descansar tranquilos…

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El siguiente día consistió en un recorrido de playas… Queríamos comprobar que las mismas eran tan increíbles como lo que nos habían descripto… Y cuando llegamos a Bondi, lo que habíamos leído no alcanzó a describirlo… Era una de las mejores playas que había visto… No era un mar de agua caliente, su arena no era blanca como el talco y no había palmeras a su alrededores; pero las olas tenían tamaños descomunales, tanto, que los surfistas parecían hormiguitas luchando contra la corriente, y, la enorme pileta que se encontraba a su costado daba el margen perfecto a un nuevo cuadro pintado a gusto de un fanático de la vida playera… Cuanto nos sentimos abrumados de tanta gente, fuimos en busca de paz…Y, así, llegamos a Manly… Una playa que nada tenía que ver con esa enorme Bondi, llena de vida… En Manly se respiraba paz… Era una pequeña ciudad en la que podías encontrar la paz absoluta, con sólo cruzar al otro lado del Opera House…

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Habían sido largos días de descubrimiento y asombro… Habían sido largas horas de meditación y duda… Y como el final del recorrido estaba llegando, y aún no teníamos la respuesta exacta, decidimos subir a un lugar que nos haría ver esta enorme ciudad desde otra perspectiva… Horas después, estábamos cruzando el Harbour Bridge… A la mitad, me frené y empecé a buscar la respuesta… La vista era conmovedora… Ese blanco edificio que, en tan sólo 34 años de vida, logró ser Patrimonio de la Humanidad, consagrándose la mayor atracción turística de Australia, se encontraba rodeado de fabulosas bahías que pintaban su marco perfecto, y el sol brillaba fervientemente sobre él, confirmando que esta creación no había sido rechazada por la naturaleza… Parecía como que el hombre hubiese trabajado junto con la ella para hoy poder brindarnos esta vista, en la que el Opera House no era más que una enorme flor que se destacaba en medio del edén… Y fue justo en ese instante, donde supe que mi elección había sido la correcta… Fue ahí donde supe que ese increíble escenario estaba puesto en nuestras manos para ser disfrutado… Fue ahí donde supe que podría volver mil veces a esta ciudad, sólo para contemplarlo… Fue ahí donde supe que no quería que esta urbe se transformara en mi rutina; porque no podría perdonarme estar rodeada de esa impresionante creación y pasarla por alto por el simple hecho de tenerla todos los días… No podía permitirme que ese edén no fuera apreciado de la manera correcta… No podía permitirme caminar por esa bahía sin sentir admiración, debido al cansancio de la rutina… Porque puede que muchos de sus habitantes, o todos, se maravillen cada vez que pasen por este escenario… Pero es como una obra de teatro… La primera vez te deslumbra, y con el paso del tiempo, por más buena que sea, si vas a cada función, el ojo crítico del hombre comienza a sacarle sus defectos y virtudes… Comienza a recorrer partes más profundas… Comienza a ver las fallas… Comienza a generarse algo ya conocido… Y, cada vez que la vas a ver, la admiración va disminuyendo, contaminada por la rutina y el estado de ánimo del día a día, haciendo que ese impacto generado por el propio artista, ya no sea el mismo… Por lo que, personalmente, prefiero dejar ese majestuoso escenario lo más cerca posible para poder volver a contemplarlo tantas veces como pueda… Quiero que esa onírica obra de arte se encuentre a la distancia suficiente para poder tomarme un recreo, cada tanto, alejándome de la rutina y deleitándome con una de las creaciones más alucinantes…

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Soy las ganas de vivir,
Las ganas de cruzar
Las ganas de conocer
Lo que hay después del mar

Yo espero que mi boca nunca se calle
También espero que las turbinas de este avión
Nunca me fallen
No tengo todo calculado,
Ni mi vida resuelta
Solo tengo una sonrisa
Y espero una de vuelta

Yo confío en el destino
Y en la marejada
Yo no creo en la iglesia
Pero creo en tu mirada
Tú eres el sol en mi cara
Cuando me levanta
Yo soy la vida que ya tengo
Tú eres la vida que me falta
Asi que agarra tu maleta,
El bulto, los motetes
El equipaje, tu valija,
La mochila con todos tus juguetes.

Y! Dame la mano
Y vamos a darle la vuelta al mundo

La renta, el sueldo,
El trabajo en la oficina
Lo cambié por las estrellas
Y por huertos de harina
Me escapé de la rutina
Para pilotear mi viaje
Por que el cubo en el que vivía
Se convirtió en paisaje
Yo! era un objeto
Esperando a ser ceniza
Un día decidí
Hacerle caso a la brisa
A irme resbalando detrás de tu camisa
No me convenció nadie
Me convenció tu sonrisa

Y me fui tras de ti
Persiguiendo mi instinto
Si quieres cambio verdadero
Pues, camina distinto
Voy escaparme hasta la constelación mas cercana
La suerte es mi oxigeno
Tus ojos son mi ventana
Quiero correr por siete lagos
En un mismo día
Sentir encima de mis muslos
El clima de tus nalgas frías
Llegar al tope de la tierra.
Abrasarme con las nubes
Sumergirme bajo el agua
Y ver como las burbujas suben

Y! Dame la mano
Y vamos a darle la vuelta al mundo…

CALLE 13

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