ABSTINENCIA VIAJERA

ABSTINENCIA: “Sintomatología que presenta un sujeto al cesar bruscamente de ingerir un determinado fármaco o tóxico al que era adicto”. O, en simples palabras, “deseo incontrolable de querer volver a consumir aquello que debiste o tuviste que dejar”…

VIAJAR: “Trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción”. O, en palabras sencillas, “Experimentar la única situación de aprendizaje que te hace sentir vivo…

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Podemos leer miles de frases armadas, que suenan muy lindas; podemos ver miles de imágenes que nos transporten; podemos degustar comidas típicas de otras culturas; podemos escuchar música autóctona de ciertos sitios; podemos trasladarnos, de mil maneras, hacia ese lugar que tanto anhelamos, y nuestra imaginación puede ser nuestra mejor aliada al momento de hacerlo; pero si nunca sentimos la sensación de viajar, nuestra imaginación se va a ver limitada a algo irreal, que sólo existe en nuestros pensamientos… Y quizá sea eso lo que nos guste de viajar… Quizá sea sólo la idea de lo que “podría llegar a ser” que tu cuerpo se conecte con lugares a los que ansias llegar… Quizá sólo sea esa imagen ficticia sobre ciertas culturas, las que nos hagan imaginarnos cosas oníricas… Quizá no todos nacimos para arriesgarnos a vivir esa utopía… Porque quizá no a todos nos guste viajar, como solemos escuchar de cada boca que nos habla… Porque sólo aquellos que lo aman, lo han hecho alguna vez en su vida… Porque sólo aquellos que lo han hecho, pueden darse el lujo de comparar y adherir algo más que imaginación a sus creaciones… Porque sólo aquellos que tienen las herramientas para imaginar y comparar, son los que se la jugaron, para lograr su sueño de salir a “patear el mundo”… Porque sólo aquellos que se la jugaron y lograron llegar a la ciudad vecina, o a la ciudad situada en la otra punta del mapamundi, son los que realmente lo aman… Y porque sólo aquellos que lo aman, pueden describir con imaginación, herramientas y sentimiento lo que la abstinencia viajera significa…

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¿Nunca les pasó de estar esperando meses ese tan ansiado momento en el que tenés que tomar un tren, subirte a un avión, poner en marcha tu auto, montar en una bicicleta o salir a dedo, en busca de una nueva aventura, y cuando estás en medio de la misma, disfrutás tanto que no reconocés aquel momento en que llegó a su fin… Y cuando ésto ocurre, empezás a sentir un deseo incontrolable de extender ese instante de paz y frenesí por el resto de tus días? Tu razón siempre termina ganando, porque no todos nos animaríamos a vivir viajando, ya que eso conllevaría un sinfín de actividades extras, y de mucha energía para lograr que viajar se convierta en tu trabajo y pase a formar parte de tu estilo de vida… Por lo que, pese a tus miles de razonamientos, más y menos impensados, emprendés la vuelta… Pese a las miles de excusas que ponés entre vos y tu rutina… Pese a que te creés el más aventurero de todos y decís poder vivir toda tu vida viajando… Pese a que tu razón tienda a simpatizar con tu frenesí… Al final, dejás tu energía viajera y tus miles de excusas, te subís al avión, al tren, al bus, a la bicicleta, y volvés a casa… Y es justamente ahí donde comienzan tus miles de cuestionamientos sobre el crimen que acabás de cometer… Si podías convertirte en hippie, dormir en carpa, comer arroz y bañarte en agua helada, sólo por contemplar ese maravilloso paisaje o por seguir recorriendo esa impactante ciudad, ¿Qué hacés metido en la oficina otra vez?… Los días pasan y el cuestionamiento es cada vez mayor… El cansancio crece y las ganas disminuyen… Ese lugar que acabás de conocer, hace menos de una semana, se desdibuja y se empiezan a dibujar, nuevamente, las dudas y las preocupaciones… Ya no sos ese aventurero que había vuelto de sus vacaciones con esas ganas de conquistar el mundo en una semana… Tu cuerpo se acostumbró al compás de la rutina y se mueve, nuevamente, al ritmo que tu razón manda… Tus nuevas vacaciones parecen llegar en poco tiempo, pero parece una eternidad, entre tanto papelerío… Pero de todas maneras, optás por ponerte ese siguiente destino al final del túnel y dejar que tus días pasen, cual caballo de carrera, sólo mirando a ese nuevo objetivo… Y cuando llega el ansiado día de partir, se repite el ciclo… De esa manera, pasás tu vida con el síntoma de la abstinencia viajera…

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Ahora, el “bichito viajero” es algo que nos ha “picado”, a todos, alguna vez en la vida, o varias… Pero imaginen cuando esas cortas vacaciones se convierten en meses… ¿No es incluso mayor el sentimiento?… Sí, lo es… Cuando podés darte el lujo de viajar por un tiempo mayor al regido por el almanaque cultural, la abstinencia viajera se convierte en un problema muchísimo más grave… Ya no se trata de volver del viaje y caminar como un caballito en busca del final del túnel, dejándote llevar por lo que tu razón mande… Cuando tu vida se convierte, por un tiempo, en la de un viajero, volver a tu hogar (aquél que elegiste en algún lugarcito del mundo, para sentirte parte de algún “sistema”), no significa volver a la rutina a la que estabas acostumbrado, sino que significa volver a re adaptarte a aquél lugar que creías conocer, pero que no tenés ni idea dónde estás… Significa volver a luchar en contra de los miedos de la “no comodidad”… Significa, muchas veces, encontrarte solo y perdido en medio de una ciudad que te abre los brazos con cara de payaso hambriento… Significa volver a empezar con aquello que tanto temor te causaba al principio, y que creías haber superado… Significa viajar en modo rutina… Significa acostumbrarte al ritmo diario de una ciudad, situada a kms de distancia de tu verdadero hogar…Significa que tu abstinencia nunca para, ya que ese esfuerzo incontrolable por no convertir esa remota ciudad en hábito, no te permite marchar como caballito, sino que te hace estar, constantemente, entre esa rutina inminente y la aventura del desconcierto…Por lo que la necesidad de salir nuevamente al ruedo y dejar de luchar contra esos pensamientos contradictorios, es abrumadora y constante… Y la abstinencia viajera te consume tus pensamientos cada día de tu vida… Por lo que, en medio de tantas presiones, te replanteás seriamente lo del arroz como base de tus días, ponés tu rutina en marcha, acelerás el motor y volás al siguiente destino en busca de un viaje más largo que el anterior, con menos comodidades y menos presiones… Prometiéndote que durante este nuevo viaje vas a encontrar “eso” que te permita viajar, sin tener que cumplir horarios ni reglas de almanaque… Volviendo a dejar salir ese viajero ansioso que estaba escondido entre las presiones de la costumbre…

TRABAJÁ, AHORRÁ, SOÑÁ, APUNTÁ CON EL DEDO Y VIAJÁ… Que no hay nada más lindo que la satisfacción de vencer esa abstinencia viajera, llegando a ese remoto lugar que tenías colgado en el cuadrito de la oficina y tanto ansiabas conocer… La abstinencia viajera es lo que nos mantiene ansiosos y deseosos… Es la que nos hace darle un sentido a nuestro arduo trabajo… Es la que nos saca de la rutina, mostrándonos el camino… Es un sentimiento perturbador  y maravilloso, que alimenta, día a día, esas ganas de salir a “patear el mundo”…

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 La utopía sirve como razón necesaria y suficiente

para nunca bajar los brazos y seguir andando

sobre un camino que promete elevación…

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