DESECHANDO PREJUICIOS

Luego de dos efímeros pero intensos meses de trabajo, luchando contra la ansiedad que recorría todo mi cuerpo, esperando a que llegue el próximo destino ya marcado en el mapa; mis pies ganaron a mi razón, dejaron las tareas a medio terminar y partieron en busca del amado desconcierto…
Fue difícil decir adiós a una etapa de la que sólo me quedan buenos recuerdos, sobre una ciudad que me abrió las puertas del mundo… Fue difícil partir de una ciudad sabiendo que ya no iba a ser bienvenida como un habitante más de la misma… Fue difícil dejar atrás a esa ciudad de paso que hizo de madre y maestra, por casi un año; pero así es la vida, el alumno termina el colegio al haber finalizado sus estudios, y debe salir a experimentar todo aquello que aprendió, porque sólo en la experiencia se asientan conocimientos; por lo que, como alumna egresada de la primera etapa, espero, algún día, reencontrarme con ella, para agradecerle todo lo aprendido, y lograr ver ese brillo de orgullo en sus ojos, al reconocer esa apasionada persona a la que ayudó a transformar…
Así fue que, entre despedidas, melancolía, ansiedad y felicidad absoluta, mis pies volaron, por 10 largas horas, a 10 mil metros del suelo, para poder, finalmente, llegar al destino añorado… Para poder arribar al gran imperio chino…

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Al pisar tierra firme, esa aprendiz que creía tener el conocimiento necesario, tuvo que dar examen, pero el cansancio, el asombro y la emoción, no la dejaron razonar, por lo que decidió recluirse en su hotel y enfrentar esa rigurosa prueba al día siguiente…
Al despertarme, descubrí que me encontraba en Shanghai, la ciudad mas tecnológica de China, pero, pese a saber mi ubicación, no me animé a abrir el mapa, ya que ésa sería la única manera de reconocer la distancia a casa… Sería la manera de reconocer que me encontraba en ese lejano punto rojo al que siempre nombraba en frases exageradas, donde ponía a la luz que este país era el lugar más alejado que podía llegar a encontrarme de mi ciudad natal… Y la realidad me apasionaba pero me causaba ciertos temores…
Mi cuerpo quería ubicarse pero mi cerebro no lo permitía, por lo que llegaron a un acuerdo de lograr situarse en calles desconocidas… Así fue que, el primer día consistió en perderme entre calles sin nombre y hablar con personas que, para mí, no tenían identidad… Me perdí entre calles de aire francés; recorrí caminos de tierra, llenos de aromas; visité edificios tecnológicos, otros en construcción y algunos que apenas podían mantenerse sobre sus antiguos cimientos; caminé entre jardines que me refugiaron de la contaminación que sentía a cada paso; degusté delicias exóticas y otras que creía conocer pero que nada tenían de este nuevo y auténtico sabor; fotografié personajes, personas, diseño; me fasciné con la moda que se veía entre los habitantes; me reconocí caminando por lugares que me transportaron hacia otros ya conocidos; toqué, indagué y observé cada uno de los extraños y novedosos objetos que se ponían a mi alcance…

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Pero al llegar a la famosa bahía de Pudong, me fue imposible seguir perdida… Al llegar a este punto de la ciudad, mi cabeza se situó automáticamente en el mapa y tuvieron que pellizcarme para poder aceptar que mis pies estaban realmente en esta mágica y onírica ciudad de cuentos… Esta partecita representaba perfectamente al resto de la ciudad… La bahía describía la dicotomía China entre tecnología de primera y tradicionalismo puro… De un lado se encontraba Pudong, el barrio mas tecnológico del país, con edificios de ultimo modelo, llenos de luces y diseño; y al otro lado se veían edificios históricos, de color arena, en los que el único color que resaltaba era el de la bandera roja, comunista, que marcaba su ideología sobre cada uno de ellos… Bastaba con pararse en medio de esa bahía para comprender un poquito más de lo que se trata China… Bastaba con observar a la gente para entender su personalidad… Y bastaba con escuchar el ruido de esos miles de barcos, que transitaban ese calmado río, para reconocer que ese país, lleno de tradición, tendencia y tecnología, no era ni más ni menos que la segunda potencia mundial…

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Meses atrás, cuando visité Hong Kong, creí, ilusamente, que este viaje a China no iba a ser tan impactante… Pero, al chocarme culturalmente con la realidad, me di cuenta que esa pequeña isla capitalista, en algún momento conquistada por los ingleses, nada tenía que ver con este país comunista, tecnológico, moderno, auténtico, tradicional, único y multifacético…

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La comparación también fue inevitable al momento de pensar en mi país… Desde la distancia, creía conocer su cultura con sólo haber visitado escenarios de muestra… Creía que esas personas con rasgos diferentes, no sabían sonreír y sólo habitaban mi lugar para sacar provecho de mis tierras… Creía fácil criticarlos por entrar en mi tierra natal sin hablar mi idioma… Creía el chusmerío de que eran sucios y comían ratas… Creía muchas cosas y criticaba otras tantas… Pero, ¿Cómo podía criticar una cultura cuando lo único que conocía de ellos era un escaso porcentaje de habitantes que usaba de muestra para generalizar?¿Cómo podía criticarlos por no hablar mi idioma cuando yo me encuentro visitando su país y ni siquiera puedo descifrar un “hola”?¿Cómo podía tildarlos de sucios cuando es el país con mas cestos de basura que vi en mi vida?¿Cómo podía llamarlos “mala onda”, cuando es un país donde la gente te sonríe a cada paso?¿Cómo podía culparlos de haberse ido a mi país, cuando conviven en uno, superpoblado, con más de 1.3 millones de personas, en el que es muy difícil diferenciarse del resto? ¿Cómo podía hablar de sus comidas exóticas y lejanas a mi paladar, cuando una de mis comidas auténticas es la carne vacuna, en todos sus cortes? ¿Cómo podía criticar otra cultura sin siquiera conocerla?

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Este recorrido recién empieza y todavía me queda mucho por conocer y descubrir, pero durante este tiempo me propuse dejar de criticar y empezar a aprender, aceptar y aprehender tanto como pueda, porque no hay nadie más rico que aquél que se nutre de conocimiento empírico, y, para ello, es necesario tener una mente abierta, libre de prejuicios y dispuesta al cambio…

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¿Qué es viajar?

¿Cambiar de lugar?

NO.

Cambiar de ilusiones y de prejuicios…

ANATOLE FRANCE.

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