PEQUEÑAS – GRANDES EXPERIENCIAS

Shanghai nos despidió con una bahía iluminada y llena de vida, que esperaba ansiosa a miles de turistas que se acercaban, desde ciudades vecinas, a pasar el fin de semana… Razón por la que dudamos en prolongar la estadía pero nos rehusamos ya que algo más prometedor nos esperaba…
Así fue que nos dirigimos hacia la estación de trenes donde tomamos uno que nos llevó a nuestra siguiente ciudad, a 300km por hora…
Fue inevitable apreciar, nuevamente, la dicotomía china al reconocer que un tren de última generación nos acercaba a una ciudad cuyo gran atractivo era un barrio colonial, en el que podías acercarte un poco más a las tradiciones de este ancestral país… Fue inevitable la comparación de una Shanghai que no para de crecer con una ciudad que parece haberse quedado en el tiempo, perdida entre canales y casitas de época…

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Callecitas de Suzhou

Habíamos encontrado lo que buscábamos… Habíamos encontrado esa ciudad que nada tenía que ver con bahías iluminadas y mucho tenía de cultura ancestral… Así que decidimos prolongar la estadía en este pequeño barrio, perdido en esa enorme ciudad llamada Suzhou… Pasamos 3 días llenos de paz, cultura, aromas, música callejera, gente sonriente y la infaltable originalidad, propia del país…

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Música callejera de Suzhou

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Barcito de Suzhou

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Dumplings estilo “Suzhou”

Tanto en nuestra ciudad bautismo, Hong Kong, como en nuestra ciudad comunión, Shanghai, no habíamos tenido demasiados problemas de “ambientación”… En ambas nos fue fácil encontrar un supermercado cerca, cuando nuestro paladar ya no quería degustar nada nuevo; en ambas pudimos comunicarnos bastante bien mediante un inglés-mandarín; en ambas pudimos encontrarnos luego de perdernos; en ambas pudimos sentir algo de lo “ya conocido y fácil”, que nos ayudó en el día a día… Pero, al llegar a esta enorme ciudad que, para nosotros, se redujo a un simple barrio colonial, nos encontramos con que ya no todo era tan fácil… Logramos finalmente encontrarnos en China… Sentirnos, realmente, parte de una cultura que no tenía mucho que ver con la nuestra pero que nos apasionaba igual, o más…

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Atardeceres relajados de Suzhou

En esta nueva partecita del país, nos levantamos hablando en un escaso inglés-mandarín y nos acostamos sabiendo que sin gestos, iba a ser imposible conseguir siquiera un vaso de agua… Nos levantamos creyendo que íbamos a poder dejar de degustar nuevos platillos cuando quisiéramos, y nos acostamos sabiendo que deberíamos adaptarnos a su paladar… Nos levantamos creyendo que China era Shanghai, Beijing y Hong Kong, y nos acostamos sabiendo que la magia de China no sólo sucedía en las grandes y conocidas urbes sino que la magia se encontraba en aquellas pequeñas y grandes ciudades que nada tenían de conocido y mucho tenían de encanto y nuevas experiencias…

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Hostel de Suzhou

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Callecitas de Suzhou

Luego de 2 días, sintiéndonos como dos habitantes más de ese pequeño barrio, decidimos que aún queríamos seguir perdidos entre cultura pura… Fue así que decidimos volver a encarrilarnos en la famosa dicotomía china y partir, a gran velocidad, hacia otra gran ciudad en la que había barrios que nada tenían de grande y mucho tenían de cultura, esperando a ser descubierta y aprehendida…

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Escultura de cera en las calles de Hangzhou

En 2 cortas horas, arribamos a la ciudad de Hangzhou… Decidimos revivir la experiencia anterior y alojarnos en un barrio que nos alejara de aquella gran urbe, para situarnos en esa pequeña china que tanto nos gusta…

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Correo de Hangzhou

Ni bien pisamos destino, supimos que querríamos quedarnos por más tiempo, así que dejamos nuestras valijas en nuestro hogar de paso y salimos a descubrir esa pequeña China que nos albergaría por 3 oníricos días…

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Callecitas de Hangzhou

Logramos el objetivo de poder vivir una experiencia similar a la anterior, pero en ella había una peculiaridad que nos gustó aún más… Era como si cada ciudad que conocíamos fuese mejorando detalles para nunca parar de sorprendernos… Y lo lograban… Alejándonos un poco de nuestra mini ciudad, en busca de algo de aire puro y naturaleza viva, nos encontramos con un enorme parque, lleno de vegetación, que te permitía escapar de esa agitada ciudad en movimiento constante… Caminamos entre especies de plantas jamás vistas y respiramos tanto aire puro como pudimos… Y, entre un microclima digno del edén y hermosos paisajes tenidos de verde, llegamos a la estrella del lugar… Nos encontramos con un enorme lago, enmarcado por un camino diseñado para embellecerlo aún más…

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Lago de Hangzhou

Era un oasis, en el que sólo podías encontrar paz y tranquilidad, donde el caminito que pisábamos formaba un marco perfecto, y donde las montañas de fondo parecían pintadas con el mismo fin… Y lo que daba su toque final a este paisaje de artistas era una enorme pagoda en el medio del lago, con un camino que te permitía llegar hasta ella, creada con el fin de poder interactuar con ese maravilloso paisaje de ensueño…

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Lago de Hangzhou

Fueron dos pequeños barrios que enriquecieron nuestro conocimiento… Y fueron dos grandes urbes que nos negamos a conocer plenamente… Quizá no fue justo perdernos del espectáculo que esas grandes ciudades tenían para brindarnos, pero preferí pensar que China no era tan grande y que aún existían esos pueblitos ancestrales en los que sólo es posible formar parte de ellos, sintiéndote uno más… Quizá había algo más fuera de mi comodidad… Pero sabía que tendría tiempo de perderme en la inmensidad, así que preferí disfrutar de esa paz absoluta y de esa diminuta fuente de inspiración tanto como me fuese posible… Porque a veces hay que resignar totalidad por particularidad… Porque a veces es necesario dejar la inmensidad de lado, abarcar poco y aprender mucho… Porque a veces conocer la inmensidad hace que nos perdamos de esos pequeños detalles que son los que hacen a la totalidad del aprendizaje…

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Mi religión consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se revela en los pequeños detalles que podemos percibir con nuestra frágil y débil mente…

Albert Einstein

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