BAJO LA LUPA ANCESTRAL

Las expectativas eran muchas, al igual que la ansiedad y la emoción… Había deseado, durante mucho tiempo, llegar a pisar territorio japonés…

Al alejarme de China, rumbo a este nuevo país, mi visión era aún más entusiasta, ya que estaba nutrida de una cultura fascinante, y mi mente sabía que lo que estaba por descubrir, era aún mejor…

Así fue que, entre el frenesí y el cansancio acumulado, que me había regalado la sociedad anterior, comencé a respirar nuevos aires, sin siquiera notarlo…

Mi cabeza se había situado en una nueva posición, sin darle tiempo a mis sentidos de asimilar el cambio… Definitivamente, mis 5 compañeros de ruta necesitaban descansar, aislándose del nuevo ruido ensordecedor, tan pronto como fuese posible…

Tokyo me recibió con los brazos abiertos, por lo que usé este beneficio, para arroparme en ellos por unas largas horas…

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Al día siguiente de mi llegada, ya estaba lista para una nueva aventura… ¡Zapatillas, cámara, acción!… Tenía tanto por recorrer que decidí no apresurarme ya que de esta manera no haría más que desperdiciar valiosos momentos…

Lentamente, caminé y caminé, perdiéndome entre carteles luminosos; gente apurada, por llegar a ningún lado; música que aturdía cada calle; barcitos de comida al paso; más luces y más bares de comida… Los primeros pasos fueron difíciles ya que me sentí como Drácula caminando en plena luz del día… ¿Dónde estaba esa cultura japonesa de la que tanto había leído en libros, y por la que había venido hasta este recóndito lugar? Tuve que conformarme con algo igual de increíble pero diametralmente opuesto, con infinidad de sorprendentes innovaciones y con avances tecnológicos jamás vistos…

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Era la ciudad de las luces; la ciudad que me había recibido y la que me iba a alojar en los últimos días de mi visita; a la que iba a regresar en busca de algo de sombra… Pero era momento de despedirme y seguir rumbo hacia el verdadero Japón…

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Como no podía ser de otra manera, le dije “hasta luego” en uno de los trenes más rápidos y novedosos del mundo…

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Y en sólo una hora, me encontraba, puntualmente, en Kyoto, la ciudad de los templos… Bastó con llegar a destino para que mis 5 sentidos se reubiquen, calme mi ansiedad y mi corazón muera de alegría… Había llegado, sin dudas, a aquel Japón que tanto quería conocer… Los personajes de la historia revivían en cada rincón… Parecía como si aquella cultura, olvidada entre estructuras de metal, hubiese encontrado su escondite perfecto…

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Los días pasaban tan rápido y había tanto por hacer que decidí prolongar la estadía… No quería perderme ni el más mínimo detalle de tan apasionante lugar…

Fue así que viví 5 gloriosos días, buscando el encuentro con la autenticidad… Recorriendo templos, tan distintos y misteriosos, que nada tenían que ver con aquellos que sólo buscaban lucrar… Perdiéndome en callecitas oscuras, bajo noches estrelladas, que se encargaban de esconder a las geishas actuales del ojo turista (por lo que tuve que conformarme con las miles de imitaciones que se hallaban en cada rincón)… Visitando ciudades aledañas, cuyo mayor atractivo eran venados sagrados embelleciendo 4 cuadras, que no hacían más que trasladarte directamente a tu infancia y los cuentos de hadas… Y observando… Intentando descifrar la esencia del lugar; que, una vez más, no se encontraba ni más ni menos que en la rutina diaria de cada uno de los habitantes… Bastaba con entrar en un supermercado, comprar ropa de marca, o, simplemente, pasear por las calles de la ciudad, para entender que el trabajo y la disciplina no eran adjetivos simples para describir a un país tan progresista como lo era él mismo…

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Estaba felíz, rodeada de lo que tanto buscaba…

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Sentía como si hubiese salido ganadora en la búsqueda del tesoro… Pero, pese a ello, mi ansiedad de viajera me sacó de mi zona de confort y me trasladó directamente al caos…

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Poco tiempo después, me encontraba en Osaka… Al llegar, el escenario se transformó completamente… Los templos sagrados, se convirtieron en casas repletas de mujeres desesperadas por conseguir al mejor postor… Las calmadas calles, se llenaron de suciedad, ocasionada por sus propios habitantes… Las colas formadas por gente transitando templos, pasaron a ser largas listas de “homeless”, esperando ansiosos un escaso plato de comida o una incómoda cama… Y, sus brillantes habitantes, mutaron en personas con una nacionalidad indefinida, que nada tenía que ver con aquella gente que me había maravillado por su excelencia humana… Sentí que me había mudado a una ciudad, dentro de un país desconocido…11659303_10152806025521548_5851206048081182968_n

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Como buena caminante, no iba a dejar que me venciera la primera impresión, por lo que puse mis pies en marcha, en busca de una segunda oportunidad… Pero, pese a caminar hasta el cansancio, las luces y el ruido de las principales calles no lograron más que entretenerme por cortas horas… Así fue que huí en busca de aire puro… Tomé el primer tren rumbo a un destino descolocado dentro de mi itinerario; y, horas después, llegué a Kobe, una ciudad en la que encontré una bahía completamente reconstruída, luego de un terremoto que había dejado muchas lágrimas a su pasar…

Pude recorrer calles con historia, pero mi cuerpo no soportaba tantas caras largas, por lo que decidí despedirme de la inmensa noria que embellecía un rincón de la ensenada, llenando mis ojos de color y mi cabeza de la idea esperanzadora de que todo el brillo que ella desplegaba, iba a surtir algún efecto sobre tanta tristeza anclada a sus pies…

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Al volver a la ciudad del caos, sólo vi escapatoria en mi cápsula, por lo que me refugié en ella, esperando que pasen las horas, hasta que mi descontrolado reloj marcara la hora de partir… Y, en un lapso casi indefinido de tiempo, mi cuerpo se trasladó nuevamente a Japón…

Me encontraba en la histórica y mágica Hiroshima… Minutos más tarde, al razonar sobre mi ubicación en el mapa, mis sentidos comenzaron a jugarme una mala pasada… No sabían cómo reaccionar para lograr nuevamente ese equilibrio entre tristeza y felicidad… ¿Cómo lograría encaminarlos, frente a tan majestuoso escenario montado sobre una realidad tan cruel?…

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Decidí tomar la meditación con calma, ya que tenía varios días disponibles para ello… Me instalé en mi hotelito de turno, en el cual me repondría de mi aventura encapsulada, respiré profundo y salí en busca de la unión de pensamientos… Fuera, se respiraba un aire de tranquilidad, que me devolvió lo que estaba buscando… Paz atemporal… Fueron largos días de búsqueda interna y externa, en busca de respuestas que sabía que jamás encontraría pero que quedarían por siempre en mí, siendo incógnitas que me nutrirían de conocimiento histórico… Hacía tiempo que venía escuchando, leyendo y viendo sobre lo sucedido en esta remota ciudad, pero nunca había dimensionado la verdadera magnitud de lo sucedido en tal brutal acontecimiento, hasta llegar a este sitio… Museos explicativos, habitantes sin consuelo, turistas ansiosos, calles desoladas, edificios destruídos, nuevas construcciones, monumentos esperanzadores, grullas, grullas y más grullas… Esta urbe jamás volverá a ser la misma luego de tan fatídico error humano; esos cuerpos nunca volverán a caminar entre sus calles; y las memorias sobre lo sucedido seguirán intactas por siempre; pero, en el aire, podía sentirse la brisa de aquellas almas guardianas que, como dichas japonesas, luchaban día a día por la protección de este lugar, logrando que pudiera transmitirse el mensaje de paz y armonía en cada rincón…

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Cargada de historias y de recuerdos, estaba lista para volver a la capital financiera, en busca de aquello que no había logrado encontrar en mi primera visita… Armé una grulla a favor de las almas sin consuelo, hice una plegaria, y partí en busca de mi misión…

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En el camino, me detuve en dos ciudades que aportaron creatividad y visión a mi viaje, Yokohama y Nagoya… En la primera, me maravillé con una increíble bahía, y busqué obtener una vista del Monte Fuji, que no logré conseguir; Y, en la siguiente, me dejé deslumbrar por construcciones de antaño… Pero mi camino estaba delimitado y mi ansiedad me corría de cerca…

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Dicen que Tokyo es una de las ciudades que nunca duerme, y no se equivocan… No estoy segura de si fue ella o yo la que cambió, pero me encontraba en una ciudad opuesta a aquella que me había recibido días atrás, al comenzar el recorrido… Las luces ya no brillaban y la tierra cubría de polvo ancestral cada rincón… Las chicas disfrazadas, habían cambiado su vestimenta y se habían transformado en señoras con abanico… Y, los bares repletos de alcohol, sólo vendían sake y damajuanas… Fueron intensos días de caminatas infinitas y deslumbramiento absoluto… Había descubierto aquel país en el que no sos guiado por luces, sino guía de ellas… Entre calles de polvo, historia que revivía a mis pies, templos exquisitamente autónomos, habitantes sorprendentemente serviciales, pude descubrir esencia… Fui llevando a mis pensamientos por un túnel de conocimiento que terminó en realidad absoluta… Japón no era sólo brillo de luces actuales y tecnología de última generación; y su principal adjetivo tampoco yacía en su deliciosa e inigualable comida, ni en el diseño que rodeaba esquinas, dando nombre a los mejores del mundo… Japón es historia, es vida ancestral, es cultura, es pasión, es amor a él mismo, es dedicación, es “siglos de esfuerzo”… Es un imperio que creció, miles de años atrás, gracias a una pequeña población que dedicó su vida a construírlo; cimiento por cimiento y lágrima por lágrima…

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Y, como no hay crecimiento sin esfuerzo, esos pequeños niños, que crecían bajo estrictas normas, respetando millones de imposiciones y dejando cuerpo y alma en su aprendizaje; crecieron y murieron de igual manera, y fueron los principales y únicos responsables de que, incluso en la actualidad, no muera ese régimen que despliega perfección a donde vaya… En cada espacio japonés, independientemente de su forma o tamaño, pueden sentirse esas antiguas almas supervisando que todo esté en el lugar correcto, afirmando que tanto esfuerzo, lágrimas, muertes, guerras, hayan servido para que la identidad cultural jamás se olvide… Porque esas antiguas geishas y musas inspiradoras, reencarnaron en mujeres que despliegan perfección, talento y una cordialidad inigualable; y, los samuráis, no sólo renacieron, sino que fueron tan fuertes que lograron que su filosofía trascendiera barreras de tiempo, haciendo que su ideología se mantenga activa hasta estos días…

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Ella se pinta el rostro para ocultar sus rasgos, sus ojos son como el agua profunda, el deseo no existe para la geisha, el sentimiento no existe para la geisha. Ella es una artista del mundo etéreo; ella baila, canta, te entretiene todo lo que quieras. Lo demás son sombras, lo demás es secreto…

MEMORIAS DE UNA GEISHA.”

ALGREN: Esta es la espada de Katsumoto. Él hubiera querido que estuviera en su poder para que la fuerza del Samurái lo acompañe siempre. Él albergaba la esperanza… Con su último aliento… que usted recordara a los ancestros que blandieron esta espada… Y por lo que murieron.

EMPERADOR: Yo he soñado con un Japón unido, un país fuerte, independiente y moderno… Y ahora tenemos trenes, cañones y ropa occidental. Pero… no debemos olvidar quiénes somos ni de dónde venimos…

EL ÚLTIMO SAMURAI.”

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